Como esta es mi primera vez en un blog, me voy a tomar la licencia de compartir con ustedes lo que pienso, lo que siento o lo que me pasa, especialmente, en lo que descubro una huella que me deja descubrir el paso del Señor por mi historia.
El tema de hoy es el siguiente; hace algún tiempo fui profesor en un colegio de la ciudad de Barranquilla, esto fue antes de trabajar en Minuto de Dios. Realmente fue una experiencia linda. En el tiempo que estuve en esta tarea, me fue asignada la dirección de un curso... como a todo buen novato, me doraron bien la píldora, me convencieron de todo el valor que tenía, me engatusaron y me pusieron al frente del curso más difícil del colegio. Estaban en el paso de primaria a bachillerato y se habían ganado la fama del curso imposible. Yo desconocía el caso. Sin embargo, comenzamos el trabajo. Estuvo siempre lleno de anéctodas, de más de un dolor de cabeza, de escenas hermosas, de triunfos y de más de un fracaso... es decir, era una vaina muy humana.
Me acuerdo que me inventé un código que nos diferenciaría, lo gritábamos todos los días al inicio de nuestra jornada en lo que llamaban en el colegio: Dirección de Grupo, que no era más que ir al salón a pillarse quién había venido, cómo vinieron, si el aseo estaba hecho y demás; pero nosotros lo volvimos un espacio festivo en el que hablábamos de todo un poco y, especialmente, les insistía en la necesidad de construir algo nuevo y bueno con ellos. Ese código se llamaba DRC, Disciplina, Responsabilidad y Confianza... ¡EN SEXTO B, VIVIMOS D R C!
El punto es que me retiré del colegio a finales del 2002 y, como lastimosamente suele suceder, perdimos el contacto. Sin embargo, hace poco me encontré con un estudiante de ese curso por una de las redes sociales que existen hoy; me contó que nunca olvidaron el DRC, que lo gritaron hasta el día de su graduación y que en esa ceremonia pidieron a Dios una bendición para mí. Les juro que me emocioné muchísimo al escuchar esto, casi hasta las lágrimas; porque no alcancé a imaginar todo el bien que puede hacer Dios a través de nosotros, sin que llegamos a calcularlo siquiera. Me dice que todavía se reunen en pequeños grupos y que aún siguen unidos por un código que siempre será más suyo que mío. Hoy, esta noche de viernes, se reunirán a jugar fútbol en una cancha rápida de la ciudad y me invitaron a estar con ellos... claro que iré, y con ellos voy a ver si nos atrevemos a gritar al inicio en una cancha desconocida, un ideal que me dejaré enseñar de ellos... ya les contaré sobre los goles que, seguramente, meteré.
Gracias, Carmencita, importante reflexión... Bendiciones!
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