lunes, 8 de marzo de 2010

Nuevas luchas, viejos resultados

No sé si es una terca condición, ni si es una incapacidad de negarme a participar en la lucha desigual. Lo cierto es que los sábados, hemos iniciado una experiencia competitiva en la que siempre llevamos las de perder, llevamos sí, nosotros, los del equipo Alterno de la emisora Minuto de Dios, Barranquilla.

Van tres sábados ya... los tres con resultados adversos.... y creo que seguirán. Cuando mejor nos va, no alcanzamos a ganar. Sin embargo ahí estamos, dispuestos a saltar a la cancha con la esperanza renovada cada vez que el reloj marca las 4:00 de la tarde. Tenemos jugadores menos capacitados, con menor estado físico y sabemos que ellos cuentan con un exjugador profesional que hace por un equipo completo. Pero vamos a la batalla y lo hacemos con dignidad y fortaleza. Si perderemos, seguramente así será, es una posibilidad que se nos olvida cuando saltamos al gramado artificial.

Ustedes pensarán por qué estoy hablando de fútbol ahora. Pues les aclaro, porque como diría un amigo: "es una metáfora de la vida". Tú también tienes batallas por perder. Pero es mejor perderlas a esconderse y vivir con miedo. Cada uno de nosotros ha tenido que morder el polvo de la derrota, pero eso no debe acobardarnos; hay que luchar, contra los enemigos grandes, contra los que tienen más, contra los que pueden más, contra los que nos vencerán. Y debemos cultivar la esperanza de la victoria, mirar siempre adelante con certeza de que la victoria es posible. Algún día llegará, algún día pasará, pero sólo si lo sigues intentando; el que lucha puede perder, pero el que no lucha jamás ganará. Ante tus enemigos de siempre sigues peleando; esa actitud que te gana, ese vicio que no vences, ese pensamiento que te asalta, etc. Enemigos grandes o que hemos agrandado, da igual; pero que hay que seguir tratando de vencer. Quizá llegará tarde o quizá temprano, pero habrá una victoria para ti, podrás vencer.

Yo seguiré esperando el sábado aquel, en el que pueda cantar victoria... tú seguirás en la lucha en la que seguramente cantarás la victoria del Señor en tu vida...

viernes, 5 de marzo de 2010

Las cosas bonitas

Como esta es mi primera vez en un blog, me voy a tomar la licencia de compartir con ustedes lo que pienso, lo que siento o lo que me pasa, especialmente, en lo que descubro una huella que me deja descubrir el paso del Señor por mi historia.

El tema de hoy es el siguiente; hace algún tiempo fui profesor en un colegio de la ciudad de Barranquilla, esto fue antes de trabajar en Minuto de Dios. Realmente fue una experiencia linda. En el tiempo que estuve en esta tarea, me fue asignada la dirección de un curso... como a todo buen novato, me doraron bien la píldora, me convencieron de todo el valor que tenía, me engatusaron y me pusieron al frente del curso más difícil del colegio. Estaban en el paso de primaria a bachillerato y se habían ganado la fama del curso imposible. Yo desconocía el caso. Sin embargo, comenzamos el trabajo. Estuvo siempre lleno de anéctodas, de más de un dolor de cabeza, de escenas hermosas, de triunfos y de más de un fracaso... es decir, era una vaina muy humana.

Me acuerdo que me inventé un código que nos diferenciaría, lo gritábamos todos los días al inicio de nuestra jornada en lo que llamaban en el colegio: Dirección de Grupo, que no era más que ir al salón a pillarse quién había venido, cómo vinieron, si el aseo estaba hecho y demás; pero nosotros lo volvimos un espacio festivo en el que hablábamos de todo un poco y, especialmente, les insistía en la necesidad de construir algo nuevo y bueno con ellos. Ese código se llamaba DRC, Disciplina, Responsabilidad y Confianza... ¡EN SEXTO B, VIVIMOS D R C!

El punto es que me retiré del colegio a finales del 2002 y, como lastimosamente suele suceder, perdimos el contacto. Sin embargo, hace poco me encontré con un estudiante de ese curso por una de las redes sociales que existen hoy; me contó que nunca olvidaron el DRC, que lo gritaron hasta el día de su graduación y que en esa ceremonia pidieron a Dios una bendición para mí. Les juro que me emocioné muchísimo al escuchar esto, casi hasta las lágrimas; porque no alcancé a imaginar todo el bien que puede hacer Dios a través de nosotros, sin que llegamos a calcularlo siquiera. Me dice que todavía se reunen en pequeños grupos y que aún siguen unidos por un código que siempre será más suyo que mío. Hoy, esta noche de viernes, se reunirán a jugar fútbol en una cancha rápida de la ciudad y me invitaron a estar con ellos... claro que iré, y con ellos voy a ver si nos atrevemos a gritar al inicio en una cancha desconocida, un ideal que me dejaré enseñar de ellos... ya les contaré sobre los goles que, seguramente, meteré.

martes, 2 de marzo de 2010

El arte de escoger mal

Escoger mal puede llegar a ser un estilo de vida. Incluso, hasta podemos encontrar consejeros especialistas que se pronuncien a favor de las malas escogencias. Pero asombra la absurda tendencia humana de tomar decisiones equivocadas frente a obvias respuestas correctas. Hay un texto en el que esto queda evidenciado; está en el evangelio de Marcos 6, 14-29:

"La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras, que te lo doy." Y le juró: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino." Ella salió a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" La madre le contestó: "La cabeza de Juan, el Bautista." Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: "Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista." El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre".

Miremos los personajes:

Herodes: absorto en el baile, movido por los sentimientos del momento, lleno de euforia, es capaz de decir que dará lo que se le pida... "aunque sea la mitad de mi reino"... ¡Qué loco! Y como más de una vez hemos escuchado: el hombre es esclavo de sus palabras. No pretendía asesinar a Juan, pero su juramento, su incapacidad de escoger bien lo que se dice y las consecuencias que esto puede traer, lo lleva a terminar con la vida del último profeta del Antiguo Testamento. Y tal como muchas veces pasa frente a las equivocaciones "se pone triste". Y eso no basta, su tristeza no devuelve la vida a Juan; ni le quita el peso de error, ni hace que la historia cambie. Es así que antes de tristezas tontas, es mejor discernir si conviene callar o hablar locuras.

Herodías: una voz llena de odio, que antepone sus intereses egoístas al bienestar de quien pide consejo... contestó, "La cabeza de Juan, el Bautista". Una madre que no reconoce como opción el bienestar de su hija, porque está cegada por el odio y sus ansias de revancha contra una voz que sabe tiene razón. Piensa en sí, no en su hija; responde a sus propios intereses mezquinos y se olvida de la gran oportunidad que tiene por delante para cambiar su propia situación. Observemos que hubiera podido pedir la mitad de reino y ya no ser necesariamente una concubina de Herodes; pero a ella le gustaba su papel o anteponía su odio a un futuro mejor.

La hija de Herodías: una mujer que puede escoger entre algo provechoso para sí y prefiere pedir algo nefasto para otro. La mitad del reino... ¡eso es mucho! Mas pide la muerte de Juan. Y es que para muchos su cielo es el infierno de los demás. Triste, pero cierta realidad humana. Hay quienes despreciamos las bendiciones con tal de maldecir a otros. Tampoco sabe a quién consultar, no tiene claro a quién oír para clarificar sus opciones y busca una voz poco calificada. ¿Qué ganó con la oportunidad que tuvo? ¿A qué precio? Quedó sometida a su madre, que vemos poco confiable, a los caprichos de Herodes que bien podía echarlas pronto, a que alguna otra nueva oportunidad apareciera a ver si esta vez escogía bien.