La semana pasada me mandé un artículo ¨distinto¨. Una mezcla de ironía y justificaciones filosóficas para dar razón de mi hinchada, harto conocida, por Argentina en el mundial y algunas burlillas que se habían hecho al respecto de ella. Hoy, esta hinchada me ha significado algunas burlas y demás comentarios satíricos, luego de la eliminación humillante a manos de los teutones por cuatro goles a cero. Muchos sentían mi gusto por esta selección como una especie de ofensa personal; como si fuese un pecado terrible. La justificación general: ellos son prepotentes, "alzados", agrandados, soberbios, etc. "Ellos", los argentinos, se creen mejores que todos, hablan mucho, son orgullosos, etc. Y entre tanta etcétera, creo que el sentimiento general está comprendido. Sin embargo, yo quisiera que pensáramos algunas cosas, y ya no al respecto de este caso puntual, sobre las visiones de los demás que tenemos.
1. Generalizaciones. Seguramente algunos argentinos son agrandados, soberbios, orgullosos o se creerás más que todos; es cierto. Pero no son todos, no pueden ser todos. Y con uno de ellos, entre millones, que no lo sea, entonces ya no se puede decir que son "todos". Pilas, porque las generalizaciones son terribles, le restan crédito a nuestros argumentos y nos llevan a juzgar mal a los otros. Esas dos palabritas "nunca" y "siempre", regularmente no calzan con la realidad. No todas las mujeres son malas conductoras, ni todos los hombres machistas, ni todos los costeños mal vestidos, ni todos los argentinos agrandados.
2. Odios sin razones de peso. El desconocimiento del otro, las suposiciones, las oidas, los comentarios que tomamos por ciertos, etc. Nos llevan a creer que vale la pena odiar a otros, sin siquiera conocerlos, sin tener razones válidas. Y la gente se radicaliza tanto en su odio, que pierde cualquier posibilidad de ver la realidad de un modo distinto, porque están enfocados en resaltar lo malo sin reconocerle nada al odiado. Una verdad: hasta los enemigos tienen bondades. Otra: cuando me vuelvo enemigo, me vuelvo poco inteligente.
3. Alegría por el dolor ajeno. Creo que aquí hay una muestra suficientemente fuerte para saber cómo está mi corazón, en qué tipo de persona me he dejado convertir por mi lógica de odio. Deshumanizar mi ser no puede ser algo tolerable para mí, eso no debería ser negociable.
4. Incapacidad de aceptación. El mundo, la gente, la vida, las relaciones, nada es como yo lo quisiera al 100%, no existe una realidad perfecta que pueda fabricar de mi capricho y se cumpla tal cual. Los otros tienen gustos diferentes a los míos y eso no tendría por qué afectarme u ofenderme. Los demás tienen deseos que no son los míos y eso no significa que me desprecien o me valoren poco; simplemente son distintos y tienen derecho a serlo; es más, es una delicia que lo sean.
Podríamos seguir enumerando infinitamente actitudes equivocadas y contraproducentes contra mi propia felicidad. Pero me gustaría que tuvieras esta cuatro para reflexionarlas un poco. Un abrazo enorme.
Hollman Javier
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